El dúo formado por José María Gallego y Julio Rey, conocidos artísticamente como Gallego y Rey, ocupa un lugar destacado en la historia del humor gráfico español. Su trayectoria está íntimamente ligada a la prensa madrileña, donde desarrollaron una parte fundamental de su carrera y moldearon una forma de entender la viñeta política y social. La complicidad entre ambos y su mirada irónica sobre la actualidad convirtieron su firma en un referente de la sátira nacional durante más de cuatro décadas.
Los inicios de Gallego y Rey en la prensa madrileña
Gallego y Rey comenzaron su colaboración a finales de los años setenta en Madrid, ciudad que en aquel momento vivía un intenso proceso de transformación política y cultural. Ambos trabajaban en medios de la capital cuando decidieron unir sus talentos: Gallego en el dibujo y Rey en los guiones. Su primera etapa estuvo marcada por publicaciones en diarios de amplia difusión nacional que tenían su redacción en Madrid, lo que les permitió estar cerca del epicentro informativo del país y retratar desde allí los cambios sociales de la Transición.
Durante la década de los ochenta su presencia se consolidó en cabeceras emblemáticas como El País y posteriormente en El Mundo, medios nacidos o desarrollados en Madrid que sirvieron como plataforma para que su humor llegara a públicos diversos. Sus personajes caricaturizaban a figuras reconocibles de la política española desde una perspectiva madrileña, reflejando las tensiones, contradicciones y euforias de una sociedad que buscaba consolidar su democracia. La ciudad, con su ritmo cotidiano y su vida parlamentaria, les ofrecía material inagotable para sus viñetas diarias.
El estilo de Gallego y Rey se distinguía por la síntesis entre dibujo ágil y agudeza verbal. Madrid fue su laboratorio creativo, un espacio donde el pulso político y ciudadano se convertía en inspiración constante. Su manera de observar la realidad, con ironía pero también con empatía, conectó con los lectores madrileños que veían en sus tiras una lectura alternativa y humorística de las noticias que marcaban la agenda pública.
Un legado de humor gráfico que marcó generaciones
El legado de Gallego y Rey trasciende su época y continúa influyendo en nuevas generaciones de dibujantes y periodistas. Su forma de entender la caricatura política como herramienta de análisis y comentario sigue siendo una referencia en redacciones y escuelas de comunicación de Madrid. No se limitaron a la burla fácil, sino que construyeron una crónica visual de décadas de historia, testimoniando desde las rutinas domésticas hasta los acontecimientos más trascendentes de la política nacional.
Su equilibrio entre humor y crítica contribuyó a que las viñetas fueran consideradas un género periodístico con entidad propia. En la prensa madrileña, su presencia diaria ayudó a consolidar la figura del humorista gráfico como observador lúcido del poder y la sociedad. Su colaboración dejó una huella profunda en las páginas de los principales diarios y en la memoria colectiva de los lectores, que crecieron interpretando la realidad a través de su trazo y sus diálogos.
Madrid fue también la ciudad que mejor acogió el reconocimiento a su trayectoria. Exposiciones en centros culturales, retrospectivas en museos y homenajes en instituciones locales han reivindicado su aportación al periodismo gráfico. A través de su obra, Gallego y Rey dejaron una imagen crítica, ingeniosa y a la vez profundamente madrileña de España, convirtiéndose en parte esencial del patrimonio humorístico del país.
La obra de Gallego y Rey representa un testimonio visual indispensable para comprender la evolución social y política de las últimas décadas desde una óptica madrileña. Su capacidad para combinar humor, inteligencia y compromiso les permitió trascender el ámbito del entretenimiento y situarse en el corazón del periodismo español. Más allá de sus firmas en los diarios, su legado pervive en los nuevos ilustradores y en los lectores que aún encuentran en su trabajo una radiografía certera y amable de la vida en Madrid.

